Ir al contenido principal
Volver a guías

Tamales de chipilín: la delicia chiapaneca de quelite prehispánico

¿Qué es?

Los tamales de chipilín son uno de los emblemas gastronómicos de Chiapas y se extienden también por Tabasco, Guatemala y partes de Oaxaca. Su seña de identidad es el chipilín (Crotalaria longirostrata), un quelite leguminoso de hojas pequeñas y verde intenso que se incorpora directo a la masa de maíz. Suelen ir rellenos de pollo, queso fresco o camarón seco, envueltos en hoja de plátano o de elote según la región, y cocidos al vapor. Son comunes en desayunos chiapanecos, en posadas decembrinas y en el menú de fondas tradicionales. Su sabor herbáceo, ligeramente terroso y dulzón los distingue de cualquier otro tamal de México y los convierte en un puente directo con la cocina mesoamericana del maíz y los quelites.

Origen e historia

El chipilín se ha consumido en Mesoamérica desde tiempos prehispánicos, documentado en códices y en relatos coloniales como uno de los quelites de la dieta indígena de Chiapas y la zona maya. El Heraldo de Chiapas describe cómo los pueblos zoques, tzotziles y tzeltales lo cultivaban en milpas y en huertos familiares, aprovechando sus hojas como verdura cotidiana. La fusión con la masa de maíz para hacer tamales es muy antigua: ya Bernardino de Sahagún menciona los tamales de hierba en sus crónicas del siglo XVI. Directo al Paladar México y Excélsior coinciden en que la versión chiapaneca moderna se consolidó como receta familiar de posadas y celebraciones de fin de año, donde una sola tanda alcanza para treinta personas. El consumo se ha mantenido constante en Chiapas y ha migrado a la Ciudad de México con la diáspora chiapaneca.

Ingredientes característicos

El chipilín fresco aporta el sabor distintivo: sus hojas pequeñas y tiernas tienen un perfil herbal con notas a té verde, espinaca y una ligera amargura agradable. Se separan del tallo y se incorporan crudas a la masa de maíz, que se bate con manteca de cerdo, sal y caldo de pollo hasta esponjar. El relleno varía por región: en Chiapas predomina el queso fresco o chiapaneco con tomate, en Tabasco abunda el camarón seco y en Guatemala suele añadirse pollo. Se envuelven en hoja de plátano (típico de Chiapas y Tabasco) o en hoja de maíz cuando el chipilín se mezcla con elote tierno. El cocido al vapor dura aproximadamente una hora. Cuando no se consigue chipilín fresco, en el extranjero se sustituye por hojas secas o congeladas, aunque pierde algo de aroma.

Significado cultural

El tamal de chipilín es uno de los pilares de la identidad gastronómica chiapaneca y forma parte del patrimonio inmaterial de los pueblos mayas del sureste. Se consume cotidianamente en desayunos servido con queso fresco y crema, pero también es estrella en posadas de diciembre, ferias gastronómicas y fiestas patronales. Quadratín y el Heraldo de Chiapas lo señalan como una pieza fundamental para entender la cocina del quelite, una vertiente de la cocina mexicana que la UNESCO reconoció en 2010 al inscribir la gastronomía tradicional mexicana como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad. El chipilín también ha cobrado relevancia como cultivo de traspatio sustentable, ya que es una leguminosa que fija nitrógeno y mejora el suelo. Hoy chefs mexicanos como Elena Reygadas, Jorge Vallejo o Edgar Núñez lo han llevado a la alta cocina, revalorizando su papel en la cocina prehispánica viva.

Recetas relacionadas

Ahora que ya sabes qué es, anímate a prepararlo en casa con nuestras recetas paso a paso:

Ingredientes para cocinarlo

Encuentra dónde comprar los ingredientes auténticos en tiendas mexicanas de España:

Preguntas frecuentes

¿Qué es el chipilín?
El chipilín es un quelite leguminoso (Crotalaria longirostrata) originario de Mesoamérica. Es una hierba de hojas pequeñas y verdes que crece silvestre y también se cultiva en Chiapas, Tabasco, Oaxaca, Guatemala y El Salvador. Se considera quelite porque sus hojas tiernas son comestibles y se utilizan como verdura desde tiempos prehispánicos en sopas, tamales, arroces y atoles tradicionales del sureste.
¿A qué saben los tamales de chipilín?
Saben a hierba fresca con notas que recuerdan a té verde, espinaca y un poquito de hoja de aguacate. El chipilín aporta una ligera amargura herbal muy agradable que se equilibra con la masa de maíz, la manteca y el queso fresco. Si el relleno es camarón seco, gana un toque marino. El conjunto es ligero, fragante y completamente distinto a un tamal de mole o de rajas.
¿De dónde son originarios los tamales de chipilín?
Son originarios de Chiapas, donde tienen el estatus de platillo emblemático estatal. También son tradicionales en Tabasco, partes de Oaxaca y Guatemala, donde reciben el mismo nombre. Las comunidades zoques, tzotziles y tzeltales los han preparado durante siglos. Hoy se asocian principalmente con la cocina chiapaneca, aunque la diáspora los ha llevado a la CDMX y a Estados Unidos.
¿Cómo se sirven los tamales de chipilín?
Se sirven calientes, dos por persona, abiertos sobre la hoja de plátano o de maíz que los envuelve. La forma chiapaneca clásica los acompaña con crema espesa, queso fresco desmoronado y a veces una salsa de tomate ligera. Para desayuno se toman con café de olla o atole de chipilín. En posadas se sirven antes del platillo principal como entrada caliente y festiva.

Fuentes consultadas